Desborde y contrapoder

Objetivos del debate:

  • Volcar los puntos más significativos de los anteriores debates y volcarlos de una forma común, ligada y propositiva.
  • Mostrar los límites estructurales e institucionales ante las demandas de las luchas.
  • Aglutinar y fomentar la solidaridad y entendimiento entre las distintas luchas.
  • Establecer una hoja de ruta común en base a lo debatido que los distintos movimientos y actores político-sociales puedan adherirse.
  • Materialización de cambios estructurales que fomenten la irreversibilidad de los cambios/avances mediante formas de contrapoder.

 

El eje de desborde engloba las ideas fuerza surgidas en los ejes sectoriales. Su objetivo es dotar de coherencia y homogeneizar en la medida de lo posible lo debatido en el resto de sesiones. Una coherencia que, entendemos, tendrá que pasar por promover la solidaridad entre movimientos sociales y colectivos, optimizando esfuerzos en torno a causas comunes y planteando si es el momento de diversificar los esfuerzos y los recursos humanos hacia hechos concretos, hacia áreas donde tengamos capacidad real de lograr victorias. ¿Qué entendemos por victoria? Todo avance en materia de justicia social, equidad, redistribución de la riqueza o democratización que provenga de la movilización y la organización social.

El encuentro parte de la importancia que tiene el hecho de ser conscientes de la realidad y no generar falsas ilusiones ni expectativas no materializables. Tener cierta cuota de gobierno municipal, incluso tener todo el gobierno municipal (mayoría absoluta), no significa tener el poder. El poder económico no reside en un concurso electoral. El poder político es desplazado por el poder económico. Compartamos o no la apuesta electoral, somos conscientes de que puede resultar útil tener aliados y es tarea del movimiento generar contrapoderes sociales que tomen el pulso de forma constante al poder institucional. Derivar todos nuestros esfuerzos y recursos humanos hacia unas estructuras viciadas, corruptas y de difícil transformación tiene como consecuencia la desmovilización.

Llegadas a este punto, parece relevante introducir el concepto de ‘irreversibilidad’. Debemos procurar que todo avance político tenga carácter irreversible ¿De qué sirve cambiar algo si el siguiente gobierno municipal tiene capacidad de revocarlo de la noche a la mañana? ¿Cómo logramos esa irreversibilidad? Aunque no hay respuestas perfectas ante cuestiones tan complejas,  podríamos empezar diciendo que es fundamental equilibrar la balanza de poderes hacia el lado del mundo del trabajo o vecinal. Esto podría ligarse al concepto de contrapoderes, pues es a estos hacia donde habría que derivar cuotas de poder. Mayor poder sindical a la hora de negociar y/o establecer condiciones, mayor poder vecinal -a través de  asociaciones, plataformas o entidades creadas según la situación- respecto de la gestión de los asuntos comunes como la limpieza viaria, presupuestos, urbanismo o dotaciones sociales, por ejemplo.

Estos contrapoderes deben construirse en el afuera institucional. También consideramos que se debe exigir a quienes tienen el poder municipal que procedan a ensayar fómulas para la transformación de las instituciones municipales en “instituciones del común”. Que incorporen, con decidida profundidad, mecanismos para la participación directa de trabajadores y vecinos. Esto implica asumir y acompañar procesos de desobediencia municipal, y construir los espacios y la redes que alimenten, acompañen y vigilen estos procesos para evitar su derrota o su derivación en espacios puramente burocráticos. La construcción de contrapoderes, en definitva, debe desbordar los términos del derecho positivo que conocemos, la diferenciación entre privado y público, entre institucional y social, para construir espacios densos de participación popular, para construir democracia directa y en el acto.

A fin de cuentas de lo que se trata es, continuando con la metáfora, de decantar la balanza hacia el pueblo organizado, hacia las organizaciones sociales de toda índole. Hacer un trasvase de poder de las instituciones estatales a la sociedad, descentralizándo y favoreciendo así la irreversibilidad mencionada arriba. Este trasvase puede realizarse de manera directa y a través de la confrontación (mediante auténticos pulsos sociales entre la calle y los poderes establecidos -políticos o económicos-, ganados estos pulsos por el movimiento social tras exitosos casos de acumulación de fuerzas y despliegue de movilizaciones y tácticas varias), o bien de manera “indirecta” o mixta, esto es, con la colaboración de las instituciones mediante la creación de figuras legales concretas que otorguen un carácter jurídico (y por ende cierta protección legal) a dichos contrapoderes sociales. Este último caso facilitaría maniobras por parte de los movimientos, que ven más fácil el necesario desborde del orden establecido desde su posición que desde la institución municipal y que, en ocasiones, su acción se traducirá de forma irremediable como un desafío a la ‘legalidad vigente’.

En cualquier caso, el protagonismo social de las organizaciones de base de los movimientos y, en definitiva, de la “calle”, es condición sine qua non para que el deseable desborde y la generación-consolidación de contrapoderes sea una realidad.

Para que ello pueda conseguirse es imprescindible, asimismo, que sea concebido como un horizonte común por parte de todos los movimientos, para lo que será necesaria una difusión política general de esto que se pretende y el diseño de una hoja de ruta estratégica en común. También es fundamental ir concretando colectivamente de qué maneras podría materializarse en cada caso este trasvase de poder en todos los diferentes sectores y ámbitos (sin olvidar que ya existen ejemplos al respecto, como remunicipalizaciones, sindicalismo, vivienda…).

¿Por qué el desborde? nos encontramos con que la que la propia institución se queda corta ante las demandas de avance social con perspectiva democratizadora y anticapitalista. Ostentar el gobierno municipal no supone tener el poder y el movimiento en la calle sigue siendo fundamental para configurar el mapa del contrapeso político que, por fin, sitúe las reclamaciones sociales en el centro y el debate del ejercicio político.

 

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